El día era gris. De alguna
manera, hasta eso era apropiado. Ninguno de los dos habló de camino a la clínica.
Ella se sentía atormentada y confundida. Él, desconectado. Mientras él conducía,
Laurie recordaba las palabras de Bill la semana anterior cuando ella le dio la
noticia de que estaba embarazada: "Laurie, haré lo que tú quieras. Si te
quieres casar, me casaré contigo. So quieres hacerte un aborto, también lo
acepto". A pesar de sus palabras, ella percibió su temor y su
retraimiento. Se sentía abandonada y supo desde ese mismo momento que estaba sola.
Se acordó de que el primer
matrimonio de Bill había empezado con un embarazo (cuando el tenia 17 años).
Dicho matrimonio acabo antes de los cuatro años, y desde entonces, él y su ex
esposa compartían la custodia de dos hijos. Aunque Laurie pensaba que no era
justo hacer que Bill pasara la vergüenza de enfrentar a su familia con las
nuevas de que "había metido la pata otra vez", ella también temia
decepcionar a sus padres. No quería que él se sintiera obligado a casarse con
ella. Si se quería casar con Bill pero
no así, no solo para hacer lo correcto y que él "la honrara".
En vez de eso, se echo encima la
responsabilidad de decidir "terminar con el embarazo". Esas fueron las palabras que uso el consejero. Dicha
persona tranquilizo a Laurie diciéndole: "No te preocupes por eso. Todavía no es una vida. El
procedimiento es sencillo y no te va a doler más que un chequeo anual de tu ginecólogo.
Te pondrás bien y podrás volver a tu vida normal en muy poco tiempo".
En la sala de espera aumentó su
ambivalencia (1. Condición de lo que se presta a dos interpretaciones opuestas.
2. Psicol. Estado de ánimo, transitorio o permanente, en el que coexisten dos
emociones o sentimientos opuestos, como el amor y el odio. Diccionario esencia
RAE). Aunque le dieron un Valium para
calmarla, sentía que algo andaba mal. Cuando la llamaron tuvo deseos de que
Bill la detuviese y le dijese: "Espera un momento, vamos a resolver
esto". Pero lo que más la sorprendió fueron las emociones que brotaron de
su interior.
Después de un tiempo corto en la
sala de recuperación, la despacharon... por la puerta de atrás de la clínica.
Tan pronto vio a Bill rompió a llorar. Estaba empezando a sentir, aunque no a
entender, el peso de lo que acababa de
hacer.
Sus primeras palabras para Bill
fueron:"¿Todavía me amas?" Él le aseguro que si. Después de todo,
ella se hizo el aborto por él. Pero de alguna manera, muy en su interior, sentía:
"Seguro que nadie me querrá ahora después de lo que he hecho".
No hablaron de camino a la casa.
Los dos sabían que algo había cambiado entre ellos. Finalmente, Bill rompió el
silencio: "Ya está hecho. No tenemos que hablar más de eso. Olvidémoslo".
Laurie sintió un nudo en el estomago. Aunque sabía por qué Bill hablaba así, sintió
pánico y pensó: "Oh no! No creo que pueda hacerlo. Estoy empezando a
descubrir lo que siento realmente". Pero por lo que percibió en Bill,
Laurie hizo un voto personal ese día de suprimir sus propios sentimientos. No creía
que Bill fuese lo suficientemente fuerte como para manejarlos.
Los "otros" hijos de
Bill los saludaron cuando ellos regresaron a la casa, vociferando para llamar
la atención de Laurie. Anteriormente, ella los había adorado, pero ahora, hasta
esos sentimientos habían cambiado. Se excuso disimuladamente y se fue al baño,
se desplomo en el piso, y sollozo. Se sentía vacia, sola y enojada. Estaba
enojada con Bill por conservar sus
primeros hijos y no querer el de ella. Despues de secarse las lagrimas, cumplio
su voto y suprimió sus sentimientos. El aborto habia sacado a la
superficie tantos sentimientos conflictivos que todo lo que podia hacer era acallarlos. Puesto que no tenia la
libertad de sentir ni de hablar sobre lo
que habia perdido, enterro sus lagrimas, lagrimas secretas que no enfrento durante años.
Para muchas parejas como Laurie y
Bill, descubrir que ella esta embarazada no es una ocasión jubilosa. Las
circunstancias que rodean a un embarazo
determinan si es un motivo de celebracion o si es una crisis. A veces, la
perspectiva de tener un hijo choca con
los planes de una pareja para el futuro. El desempleo, los problemas económicos,
la inestabilidad en la relacion y el no estar casada son factores que empujan a
una mujer a examinar sus opciones. Muchas optan por abortar.
En los Estados Unidos, más de un
millón de mujeres optarán por abortar en el año de 1998.2 Pero al igual que
Laurie, muchas de esas mujeres sabían muy poco de lo que les esperaba durante y
después del procedimiento. Ellas optaron por terminar con un embarazo, por
eliminar una carga no deseada. Pero lo que sufren son efectos que duran toda
una vida: física, emocional, espiritual y en sus relaciones.
Desde 1973, cuando la Suprema
Corte de Justicia decidió legalizar el aborto en los Estados Unidos, se han
terminado más de 31 millones de embarazos en este país por medio de ese
procedimiento.
Cada año se estima que ocurren
unos 50 millones de abortos en todo el mundo. Muchas mujeres luchan en silencio
durante años con el dolor de lo que hicieron. Es necesario lidiar con sus
«lágrimas secretas». Necesitan un lugar seguro para conversar y sentir, un
lugar donde expresar su aflicción y sanar.
El propósito de este librito es
proporcionar comprensión y esperanza para la mujer que lucha con el trauma de
un aborto pasado. Si usted es esa mujer, queremos que sepa que no está sola.
Hay alguien que comprende y a quien usted le importa. Es posible sanar, a
través de un sendero que conduce al arrepentimiento, al perdón, a la libertad y
al gozo (2 Corintios 7:10). Jesús ofreció esperanza a Sus seguidores, independientemente
de lo que hubiesen hecho, cuando enseñó: «Bienaventurados los que lloran,
porque ellos recibirán consolación» (Mateo 5:4).
¿QUÉ ES EL TRAUMA POST ABORTO (TPA)?
Desde principios de los años 80,
un número cada vez mayor de mujeres ha buscado tratamiento para las luchas
emocionales que resultan de un aborto.5 El Dr. David C. Reardon, que desde 1983
es un líder en la investigación sobre los efectos del aborto, escribe: «El
aborto no es una cirugía mágica que retrocede el tiempo para “desembarazar” a
una mujer. Más bien es un acontecimiento de la vida real que siempre produce
mucha tensión y trauma». Y muchas mujeres no pueden resolver solas el trauma de
un aborto. Necesitan ayuda.
El trauma post aborto (TPA) se
define como la lucha de una mujer para expresar y discernir los pensamientos y
los sentimientos que tiene con respecto a su embarazo y al aborto que se hizo,
y el esfuerzo que hace para hacer la paz consigo misma y con los demás
(incluyendo a Dios) por sus decisiones y su pérdida. Lo que hace que un aborto
sea profundamente perturbador es que implica muerte y pérdida. Un sentimiento
común que se repite en las entrevistas con mujeres antes, durante y después de
un aborto es la sensación de que se quita una vida. «Es matar —respondió una
mujer que entrevistaron en la sala de espera de una clínica—. Pero es un
homicidio justificable».
Algunas personas están mejor
equipadas que otras para lidiar con cualquier acontecimiento traumático que
involucre muerte. Hay quienes se desmayan al ver sangre, mientras que otros
inmediatamente actúan. Algunos hablan de lo que sucedió, mientras que otros
simulan que nunca pasó. Lo mismo sucede con el aborto. Independientemente de
cómo lidie la gente con el aborto, el mismo cambia a todo el mundo. En palabras
de Laurie: «Algo había cambiado. Me trajeron por la puerta del frente y me
sacaron por la puerta de atrás. Nunca fui la misma». Después de buscar en vano
para encontrar la manera de lidiar con su aborto, Laurie suprimió sus emociones
y desarrolló un mecanismo para superar lo que había sucedido y sobrevivir. Este
«cierre» del corazón de una mujer es la segunda víctima de un aborto.
Aunque la respuesta de una mujer
a su aborto es única, algunos sentimientos y experiencias comunes son:
• ira;
• ansiedad;
• traición;
• amargura;
• depresión;
• desconfianza;
• aflicción;
• culpa;
• debilidad;
• remordimientos;
• resentimiento;
• vergüenza;
• desórdenes en el comer;
• recuerdos;
• temor de futuros embarazos;
• una autoestima más baja;
• pesadillas o desórdenes en el
sueño;
• conductas autodestructivas;
• disfunción sexual;
• abuso de drogas;
• pensamientos o tendencias
suicidas;
• llanto incontrolable;
• relaciones destrozadas o
abusivas;
• deseo de reemplazar al bebé;
• problemas para encariñarse con
otros niños;
• evitación de bebés, niños
pequeños o cualquier cosa que tenga que ver con embarazo o con aborto.
Si una mujer se ha hecho un
aborto y se identifica con cinco o más de las categorías anteriores, puede que
esté lidiando con un trauma post aborto. Debería considerar buscar ayudar para
resolver sus luchas. Los investigadores también han establecido un fuerte
vínculo entre el trauma post aborto (también conocido como tensión o síndrome
post aborto) y el desorden nervioso postraumático (DNPT). El DNPT es un
diagnóstico que identificaba a los veteranos de la Guerra de Vietnam que no
podían lidiar eficazmente con la vida normal después de haber experimentado el
trauma de la guerra. La American Counseling Association [Asociación de
Consejería de los Estados Unidos] publicó una lista de diez maneras de
reconocer el DNPT para ayudar a las víctimas de traumas como accidentes de
aviones, crímenes violentos y bombardeos terroristas. Esa lista tenía el
siguiente calificador: «La siguiente información es igualmente útil para
personas que enfrentan otras crisis emocionales en sus vidas». Los criterios
son:
1. Experimentar de nuevo el
suceso mediante vívidos recuerdos o imágenes que regresan a la mente.
2. Sentirse emocionalmente
adormecido.
3. Sentirse abrumado por las
tareas normales o sentir menos interés.
4. Desarrollar intereses
inusuales.
5. Llorar incontrolablemente.
6. Aislarse de la familia y de
los amigos, evitar las situaciones sociales.
7. Apoyarse cada vez más en el
alcohol o en las drogas para pasar el día.
8. Cambiar mucho de estado de
ánimo, ponerse muy irritable, airarse, ponerse sospechoso o atemorizarse.
9. Tener problemas con el sueño,
ya sea demasiado o muy poco; tener pesadillas.
10.Sentir miedo o tener la
sensación de fracaso respecto al futuro.
Puesto que muchas mujeres que se
han hecho abortos se identifican con algunos, si no la mayoría, de estos
criterios, arguyen que las clínicas que practican abortos deberían informar a
sus clientes de esos riesgos emocionales antes del aborto. Los argumentos en
pro y en contra de un diagnóstico oficial del síndrome post aborto sin duda
alguna continuarán.
Pero los que examinan la
información honestamente admiten que el aborto afecta profundamente a los que
optan por él. El Dr. Julius Fogel, un psiquiatra y obstetra que está a favor
del aborto y que ha practicado unos 20.000 abortos, expresó su profunda
preocupación por los efectos que éste tiene en la madre. Dijo: El aborto es un
asunto apasionado […] Todas las mujeres, independientemente de su edad,
antecedentes o sexualidad, experimentan un trauma cuando destruyen un embarazo.
Se toca parte de su condición humana. Esto es parte de su propia vida. Ella
destruye un embarazo y con eso se destruye a sí misma. Es imposible que sea
inocuo. Se trata de la fuerza de la vida. El que uno crea que hay una vida o
no, no viene al caso para nada.
No se puede negar que algo se
está creando y que esa creación está sucediendo físicamente […]. Muchas veces
el trauma cae en el inconsciente y nunca sale a la superficie en la vida de la
mujer. Pero no es un acontecimiento inofensivo y casual como insisten en decir
muchos que están a favor del aborto. Se paga un precio psicológico. Puede ser
la alienación; puede ser el alejamientodel calor humano, tal vez un
endurecimiento de los instintos maternales. Algo sucede en los niveles más
profundos de la conciencia de una mujer cuando destruye un embarazo.
El enojo de Laurie empezó horas
después de haberse hecho el aborto y llegó a ser una nota callada de su
personalidad. Se volvió muy crítica de todo lo que hacía Bill. Llegó hasta el
punto de hacer todo lo posible para sabotear su relación, probando con eso, de una
vez y para siempre, que no merecía que la amasen. Se sentía vacía y fría la
mayor parte del tiempo. Sin embargo, otras mujeres responden de una manera
diferente. Lynn tuvo relaciones sexuales una vez con su novio de secundaria y
quedó embarazada. Aunque sus luchas secretas empezaron inmediatamente después
de que se hizo un aborto a la edad de 17 años, no fue hasta 15 años más tarde
—después de lograr el éxito profesional, casarse por segunda vez, y esperar su
primer hijo— que sintió el tormento de haber abortado. A medida que sus
estrategias para superar aquello se derrrumbaban y que empezó a sentir de nuevo
su trauma, la verdad acerca de lo que había hecho a los 17 años se volvió
abrumadora. Fue entonces cuando finalmente buscó ayuda para lidiar con su
pérdida.
EL PROBLEMA DEL TRAUMA Post aborto
La mayoría de las mujeres que
abortan se sienten profundamente ambivalentes al respecto. La mayoría de la
gente, incluyendo a las mujeres que se hacen abortos, tiende a creer que el
aborto es inmoral o al menos una conducta descarriada. A pesar de esas
creencias, algunas mujeres se sienten tan desesperadas que optan por una
solución que choca de frente con su conciencia y sus instintos maternales. La
ambivalencia les provoca una crisis en el corazón y en el alma. La ineficacia
de la negación a largo plazo. La negación es eficaz para manejar el dolor a
corto plazo. Inmediatamente después de un aborto, la negación ayuda a una mujer
a absorber el impacto inicial de lo que ha hecho. Sin ella, el dolor sería
insoportable. Afirmaciones como: «No es un bebé todavía, sino un trocito de
tejido», o «En algunos países es legal, por tanto,no debe ser tan malo», o «Yo
no maté nada, sencillamente interrumpí un embarazo», son los intentos que hace
una mujer para reducir el efecto de su aborto. Pero la negación a la larga no
funciona. Cuando la negación desaparece y la verdad empieza a surgir, la mujer
comienza a sentir el dolor que ha tratado de enterrar. Simular que «no fue una
gran cosa» ya no da resultado. Para la mayoría de las mujeres, la negación por
lo general deja de ser efectiva de 5 a 10 años después del aborto. A la larga,
algún acontecimiento, ya sea el nacimiento de otro hijo, el último hijo que se
va de la casa o un divorcio, desencadena una conmoción emocional, un recuerdo
que se había olvidado hacía mucho surge de nuevo, y la negación nítidamente
construida empieza a derrumbarse.
Los estudios demuestran que la
«insatisfacción y los arrepentimientos por el aborto crecen con el tiempo».
¿QUÉ CAUSA EL TRAUMA POST ABORTO?
La ambivalencia de una mujer
acerca del aborto es común porque es un asalto al corazón y al alma femeninos.
El TPA lo causa la lucha de una mujer por reconciliar lo que ha hecho con
aquello para lo cual fue hecha. El aborto es tan detestable para muchos porque
viola el diseño de Dios de la madre, la cual fue hecha para criar y formar.
Estas dos verdades contradictorias pueden chocar en el corazón de una mujer que
se ha hecho un aborto y encender una tormenta de fuego que amenace con
destruirla. Para sobrevivir, muchas se desconectan emocionalmente y tratan de
aliviar sus corazones mediante algún tipo de negación para no sentir nada.
Prefieren el aturdimiento a sentirse partidas en dos. Sin embargo, a menos que
una mujer esté dispuesta a enfrentar la verdad y a aceptar la responsabilidad
de sus propias decisiones, puede permanecer encarcelada detrás de su negación,
incapaz de disfrutar la vida y las relaciones libremente. Puede que trabaje
arduamente para conservar el alivio, yendo de la adicción al trabajo a la
adicción al alcohol, de la promiscuidad sexual a evitar toda actividad sexual,
de salir embarazada rápidamente otra vez a evitar todo lo que tenga que ver con
embarazos. Pero a la larga, nada de eso da resultado. El velo de la negación
que se ha tejido cuidadosamente, a la larga empieza a correrse y revela a una
mujer vacía, quebrantada y sola que no puede enfrentarse ni a sí misma ni a los
demás. En vez de disfrutar la vida, la soporta. Como resultado de ello, muchas
se resignan a una
existencia apagada e insulsa.
Pero a pesar de todos sus esfuerzos, lo que una mujer no puede negar para
siempre es su corazón femenino que anhela criar y formar una vida. En sus
momentos privados, cuando reflexiona sobre su vida, sus sentimientos suprimidos
empiezan a resurgir. Es en esos momentos cuando la libertad de la verdad la
llama desde el confinamiento solitario de su negación (Juan 8:32). Si acepta la
oferta, el proceso de sanidad puede comenzar.
¿CUÁL ES EL PRERREQUISITO PARA LA SANIDAD?
Para que una mujer empiece el
doloroso proceso de la sanidad de un TPA necesita un lugar seguro para
conversar. El silencio puede ser ensordecedor para una mujer que está luchando
sola con el dolor de su aborto. A menudo se siente aislada e incomprendida.
Nadie escuchó sus objeciones antes de su aborto. Nadie conoce las luchas que ha
tenido después de él. Necesita desesperadamente a alguien que la escuche ahora,
alguien que comprenda por lo que está pasando y que no la condene ni subestime
lo que ha sucedido. Es muy difícil para una mujer tratar de resolver sola el
trauma de su aborto. De hecho, la falta de relaciones de apoyo puede haber
contribuido a su decisión de abortar. Es esencial que tenga relaciones de apoyo
y de aliento mientras lidia con su aflicción y su pérdida. Este apoyo y aliento
lo pueden obtener asistiendo a reuniones de grupos de apoyo para mujeres que se
han hecho un aborto o, en algunos países como los Estados Unidos, existen
centros para ayudar a mujeres con embarazos no planificados. Estos centros
pueden proporcionar una atmósfera de comprensión y compasión para que la mujer pueda
ser honesta sin sentirse juzgada ni condenada.
¿CUÁL ES EL PROCESO DE SANIDAD DEL TRAUMA POST ABORTO?
La sanidad siempre es un proceso
que involucra dolor y tiempo. No existen las «soluciones rápidas» para las
heridas del alma. Pero Dios ha dado una promesa a todos los que se embarcan en
ese proceso. «El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas» (Salmo
147:3). El proceso implica:
1. Abandonar la negación. La
negación es el muro de olvido que una mujer erige para protegerse del dolor de
su aborto. La única manera de acabar con la negación es recordando. Jesús
enseñó que la libertad viene mediante el conocimiento de la verdad (Juan 8:32).
Cuando empieza a ponerse en contacto de nuevo con sus sentimientos acerca del
aborto, la mujer debe enfrentar la verdad respecto a quién es, lo que ha hecho,
y lo que le hicieron a ella.
Quién es. Dios la creó a Su
imagen (Génesis 1:27). Él diseñó su cuerpo y su alma para dar vida, criar y
formar (Génesis 1:28; 3:20). Fue en este corazón creado para criar y formar en
el que el rey Salomón confió para arreglar una disputa entre dos mujeres que
afirmaban ser madres del mismo bebé. Sugirió cortar al niño en dos, sabiendo
que la verdadera madre sacrificaría sus propios deseos para que su hijo pudiese
vivir (1 Reyes 3:16-28). Dios usó la ilustración del cuidado y la compasión de
una madre para expresar Su amor por Su pueblo. A través del profeta Isaías
preguntó: «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de
compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré
de ti» (49:15). Una mujer que vive en negación ha olvidado que fue hecha para
vivir de tal manera que se pueda ver en ella la imagen de un Dios amante y
compasivo.
Lo que ha hecho. La mujer tiene
que enfrentar su negación admitiendo que su decisión de abortar terminó la vida
que se estaba formando en ella. Leer el Salmo 139:13-16 la ayudará a ver la
participación de Dios en el desarrollo de un niño: Porque tú formaste mis
entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque
formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe
muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y
entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en
tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin
faltar una de ellas.
En 1971, los editores de la
revista California Medicine, los cuales están a favor del aborto, identificaron
la necesidad de usar «una gimnasia semántica, necesaria para racionalizar el
aborto diciendo que es cualquier cosa excepto quitar la vida a un ser humano».
Este mensaje de negación se ha transmitido a las mujeres durante años. Y sin
embargo, todo el mundo sabe en su interior que el aborto es quitar la vida a un
ser humano.
Lo que le hicieron a ella. Muchas mujeres que se han hecho abortos han
sido víctimas de recibir mala información. Una encuesta reveló que 93% de las
mujeres que se han hecho abortos [en los Estados Unidos] insistieron en que
tuvieron poca o ninguna información necesaria para tomar la decisión de
abortar.16 La llegada del ultrasonido acabó con el mito de que «el feto no es un
bebé, sino dos cucharaditas llenas de tejido». Hasta en las etapas más
tempranas del desarrollo fetal, hoy la madre puede ver y reconocer que se trata
verdaderamente de un bebé. Abandonar la negación puede significar también que
la mujer necesite admitir que ha sido perjudicada por la irresponsabilidad del
hombre que la embarazó y por los miembros de su familia que la desanimaron para
que no tuviera el bebé.
2. Desatar la ira. Cuando una
mujer enfrenta la verdad acerca de sus propias decisiones y cuando enfrenta lo
que otros le han hecho, una de las emociones que puede sentir es ira. Eso le
sucedió a Laurie. Al igual que muchas mujeres que se han hecho abortos, su ira
se había convertido en una forma de mantener la negación y cierta apariencia de
control en su vida. Llegó a ser su mejor arma para mantener a Bill a una
distancia segura. Si él se le acercaba mucho y ella se sentía amenazada, lo
hería y lo castigaba. Sentía que puesto que él no protegió a su hijo, no podía
confiar en que la protegiera a ella tampoco.
Al resolver el problema de la
ira, es necesario que una mujer distinga entre una ira saludable que anhela
justicia, y una ira enfermiza que sólo busca vengarse. La ira enfermiza procura
controlar el dolor dirigiendo nuestras energías hacia la venganza de los que
nos han hecho daño.
Pero es siempre mejor dejar la
venganza en manos de Dios (Romanos 12:19). No podemos darnos el lujo de dar pie
al diablo en nuestras vidas alimentando nuestra ira contra los demás (Efesios
4:26,27). En lugar de ello necesitamos abordar el problema de la ira tan pronto
nos hacemos conscientes de la misma. Si no, puede degenerar en una amargura que
nos aliene de Dios y de los demás, y nos robe una vida gozosa.
Cuando una mujer empieza a darse
cuenta de lo que le hizo el aborto, a ella, a su bebé y a los que la rodean, se
podría sentir traicionada.
Puede que necesite enfrentar la
ira que siente hacia los que participaron en su aborto.
Su ira podría ir dirigida a
cualquiera de los siguientes o a todos ellos:
Ira hacia su familia por
presionarla para que se hiciera un aborto, o por negarse a apoyarla para que
pudiese tener a su hijo. Muchas adolescentes se sienten profundamente
traicionadas por sus padres cuando les exigen que se hagan un aborto para evitar
avergonzar a la familia con un hijo ilegítimo. Incluso en este grupo está el
padre del bebé que puede haberla presionado para que se hiciera el aborto
amenazándola con dejarla si «no se ocupaba del asunto». Irónicamente, menos de
la mitad de esas relaciones duran más de tres meses después del aborto.
Ira hacia el médico por
practicarle el aborto sin contestarle todas sus preguntas y sin advertirla de
los riesgos que conlleva un aborto. A medida que ella descubre más cosas sobre
el desarrollo del feto, su ira puede aumentar debido a la red de engaño creada
para impedirle reconsiderar su decisión.
Ira hacia ella por traicionarse a
sí misma y a su hijo, permitiendo el aborto a pesar de la ambivalencia que
puede haber sentido.
Ira hacia Dios por permitir que quedara embarazada y
luego no proveerle de mejores circunstancias ni de relaciones más solidarias
que habrían facilitado que tuviera el bebé.
Mientras niegue su ira, la mujer
no enfrentará nunca el dolor de su pérdida. Sin embargo, una vez que enfrente
su ira, puede pasar al siguiente paso de la sanidad:
Afligirse por su pérdida. (Si
desea obtener ayuda para lidiar con la ira, consulte el librito de Ministerios
RBC que se titula Cuando ardemos de ira [SS942]).
3. La aflicción por la pérdida. Enfrentar el grado de la pérdida por un aborto
es uno de los pasos más importantes en el proceso de sanidad. Pero también
puede ser uno de los más difíciles. Puesto que ha vivido tanto tiempo negando
sus sentimientos, la mujer que empieza a encarar su pérdida se podría sentir
abrumada por la tristeza. Podría verse tentada a regresar a la negación porque
el dolor parece insoportable. Es entonces cuando necesita el apoyo y el amor de
un grupo que esté dispuesto a llorar con ella cuando enfrente su pérdida. La
aflicción es el sufrimiento emocional que se siente después que se pierde algo
o alguien importante. Si la mujer ha de reconciliarse con el pasado, necesita
recordar y lamentar esas pérdidas que han dejado profundas heridas en su corazón.
Se podría consolar, pero su pérdida nunca será revertida.
La aflicción es única para cada
mujer. Para algunas, las pérdidas significativas que causa un aborto incluyen
la pérdida de un hijo, la pérdida de la relación con el padre del bebé, la
pérdida de la propia inocencia de la mujer, la pérdida de la experiencia de la
maternidad y la pérdida de la sensación de control.
Los sentimientos ambivalentes
hacia cada una de esas pérdidas hacen que la aflicción sea una tarea difícil.
Algunas mujeres lamentan la pérdida de no haber podido nunca tener en brazos al
hijo que no nació, mecerlo, cantarle, tocarlo ni ver su cara. Otras sufren la
pérdida adicional de no poder tener otro hijo propio debido al daño físico que
sufrieron durante o después del aborto. Muchas mujeres que se han hecho abortos
se identifican con la aflicción de las mujeres de Israel cuyos hijos fueron
asesinados por el malvado rey Herodes en un intento de matar al Niño Jesús.
Mateo citó la profecía de Jeremías 31:15 cuando escribió: «Voz fue oída en
Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no
quiso ser consolada, porque perecieron» (Mateo 2:18).
La sensación del niño «que
pereció» es un punto común. Parte del proceso de aflicción es honrar la memoria
de la persona que se perdió y decir adiós. Esta parte del proceso es única para
cada persona que ha sufrido la pérdida. A algunas les ayuda poner a su bebé un
nombre para que quede más claro en su mente que se trataba de un niño. Esto
hace que el proceso de aflicción sea más personal para ellas cuando piensan en
el niño que perdieron. Otras deciden honrar al niño y decir adiós celebrando
una ceremonia recordatoria con unos cuantos amigos cercanos, familiares o un
consejero. Creen que una ceremonia más pública honra al niño que nunca tuvo la
oportunidad de vivir. Algunas escriben una carta, un poema o una canción para
su hijo que no nació. Otras siembran un árbol en un parque local como
recordatorio viviente para acordarse de la vida que se perdió. No hay una manera
estándar de afligirse ni de decir adiós. Lo importante es que la mujer escoja
alguna manera que le permita recordar y afligirse por su pérdida, porque es en el proceso de llorar que Dios la
va a consolar (Mateo 5:4). (Véase el librito de Ministerios RBC titulado ¿Cómo
puedo vivir con mi pérdida? SS921).
4. La confesión de la culpa.
Muchas mujeres que se han hecho abortos sienten tanto el peso de la culpa y la
vergüenza por lo que han hecho al quitarle la vida a su hijo que no pueden
siquiera imaginar cómo sería sentirse libres. Algunas expresan que se sienten
«sucias» o «feas». Una mujer admite: «Nunca me miro a los ojos en un espejo.
Tengo miedo de la fealdad que voy a ver». La base de los sentimientos de estas
mujeres es que se dan cuenta de que han violado el diseño de Dios para ellas,
que es el de criar y formar. Se identifican con la mujer a quien atraparon en
el acto de adulterio y llevaron a Jesús para ver lo que Él haría con ella:
Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en
adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido
sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés
apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole,
para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra
con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que
de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E
inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos,
al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los
más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en
medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo:
Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo:
Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más
(Juan 8:3:11).
Cuando ya no se puede esconder
detrás de su negación ni de su ira, la mujer lucha con el horror de ser
expuesta por su pecado. Todo el mundo sabe lo que ha hecho. Se siente desnuda y
avergonzada y sin tener dónde ocultarse. Todo está abierto delante del
Salvador. Ella sabe que merece condenación por lo que ha hecho. Y eso es lo que
espera. Pero no es lo que recibe. En lugar de ello, Él le ofrece respeto y
esperanza.
Para que la mujer avance hacia el
perdón tiene que haber una confesión honesta en dos áreas. Primero, por el
pecado de violar lo sagrado de la vida y quitarle la vida a su hijo.
Segundo, por vivir una vida
dedicada a la auto protección. La confesión honesta es algo que tiene que
expresar a Dios (1 Juan 1:9) y a los demás que van a demostrar, en actitud de
oración, que Dios la ama y la acepta a pesar de su pasado (Santiago 5:16). Pero
la confesión del papel que ella desempeñó en el aborto no es suficiente. El
aborto es un síntoma de algo más profundo. El problema más profundo es la
determinación de la mujer de depender de sí misma, no de Dios, para lidiar con
cualquier crisis que pueda encontrar en la vida, incluyendo un aborto y sus
efectos.
El profeta Jeremías recordó al
pueblo de Dios que negarse a depender de Dios y apoyarse en la autosuficiencia
son el centro mismo de nuestras luchas: «Porque dos males ha hecho mi pueblo:
me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas
rotas que no retienen agua» (Jeremías 2:13). La confesión de su negativa a
depender de Dios como fuente de vida aclara la obstrucción entre Dios y la
mujer que se hizo un aborto, permitiéndole empezar a disfrutar el dulce fruto
del perdón.
5. Recibir perdón. Las mujeres
que están luchando con la culpa de haberse hecho un aborto podrían decir algo
así: «Después de lo que he hecho, no es posible que Dios quiera perdonarme. Tal
vez pueda, pero no creo que quiera. ¿Cómo podría perdonarme por matar la vida
que estaba creciendo dentro de mí?» Pero sí puede. El aborto no es un pecado
imperdonable. Esa es la gloriosa buena nueva del evangelio. Dios ofrece perdón
de todos los pecados —sin excepción— a cualquiera que acuda a Su Hijo a buscar
misericordia.
A una mujer que se ha hecho un
aborto a menudo le resulta muy difícil aceptar el perdón de Dios por tres
razones. Se sigue sintiendo condenada por lo que hizo. Siente que debe hacer
algún tipo de penitencia. Y Satanás, el acusador, menoscaba su confianza en la
capacidad o la disposición de Dios a perdonarla. Algunas mujeres todavía se
sienten sucias y corrompidas. No se pueden quitar de encima el peso de lo que
han hecho. Esto es especialmente cierto cuando empiezan a buscar perdón. De lo
que ellas no se dan cuenta es de que su perdón no tiene nada que ver con lo que
han hecho. Tiene que ver con lo que Cristo hizo por ellas (Tito 3:5). Es «por Su
llaga [que fuimos] curados» (Isaías 53:5,6). La Biblia nos recuerda que
«ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1).
Jesús pagó el precio. La deuda ha sido cancelada para todos los que han
aceptado la oferta de perdon de Cristo.
El deseo de una mujer de hacer
penitencia para expiar su pecado está arraigado en sus viejas estrategias de
negación y reivindicación, cuando se esforzaba para cubrirlo. Eso es lo que
significa la palabra expiación: «cubrir el pecado». Hacer penitencia refleja la
negativa a aceptar la salvación por gracia mediante la fe por lo que es: un
regalo (Efesios 2:8,9). Confiar en otra persona para que haga lo que ella no
podría hacer por sí misma sigue siendo nuevo para ella. Puesto que los
recuerdos del aborto en una mujer no desaparecen después que es perdonada, al
maligno le gusta rastrear esos recuerdos y estregárselos en la cara, haciéndola
dudar de la bondad de Dios (1 Pedro 5:8). Esa ha sido la estrategia de Satanás
desde el principio (Génesis 3:1- 5). Pero tenemos un abogado (Job 16:19), un
Sumo Sacerdote (He. 2:17), y un Intercesor que está de nuestra parte. ¿Quién
acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que
condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que
además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros
(Romanos 8:33,34).
Pablo nos tranquilizó diciendo
que ningún pecado —ni siquiera el aborto— puede estar más lejos que la gracia
de Dios porque «cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5:20).
De modo que podemos entrar en Su presencia con la confianza de que «si
confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados,
y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).
Cuando una mujer acepta y
experimenta el perdón de Dios, ya no ve su aborto como un acontecimiento tan
determinativo en su vida como lo veía antes. En lugar de ello, la cruz se
convierte en el acontecimiento determinativo por el cual se miden todos los
demás. Es en la cruz que encuentra esperanza, confianza y fortaleza para
invertir de nuevo en amar a los demás.
6. Vivir con pasión. Dos pasajes
de las Escrituras han tocado de manera especial el corazón de las mujeres que
están empezando a disfrutar la libertad del perdón en Cristo. Aunque están
dirigidos a la nación de Israel, ambos reflejan el corazón apasionado de Dios
por su pueblo que lucha: Jehová está en medio de ti, poderoso, Él salvará; se
gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos
(Sofonías 3:17).
Pero he aquí que yo la atraeré y
la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí,
y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos
de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto (Oseas
2:14,15).
Hay dos imágenes muy poderosas en
estos textos. La primera es la de Dios como amante apasionado que se deleita en
cantar a Su pueblo. La segunda imagen muestra que cantar es una respuesta
apasionada del pueblo de Dios a Su cortejo, lo cual refleja la libertad que
tienen de disfrutarlo a Él y a los demás.
¿Cuándo fue la última vez que
alguien se emocionó tanto con usted que le cantó?
¿Alguna vez ha soñado que Dios
quiere hacer eso por usted independientemente de lo que haya hecho?
Los cánticos reflejan alabanza,
gozo y adoración. Sabrá que está progresando hacia la sanidad cuando vuelva a
tener deseos de cantar. Los cánticos reflejan gratitud por ver el aborto
redimido y el deseo de dar algo a cambio.
¿CUÁLES SON LOS RESULTADOS DEL PROCESO DE SANIDAD?
Los resultados del proceso de
sanidad serán una confianza cada vez mayor en la redención que Dios hace de su
aborto y en la restauración de ella.
1. La redención del aborto.
Laurie y Lynn, las dos mujeres que mencionamos antes en el librito (pp.1–8),
han trabajado eficazmente en el proceso de sanidad. Ya no se definen a sí
mismas por sus abortos. Más bien recuerdan sus abortos junto con los demás
acontecimientos que moldearon sus vidas y que Dios usó para ganar sus
corazones. La obra de Cristo en la cruz y el perdón que les ofrece de todos sus
pecados se ha convertido ahora en el acontecimiento más importante para ellas.
Sus abortos ya no las dominan ni callan su canto. Más bien la cruz se ha
convertido en la razón por la que cantan otra vez.
La ironía de la redención es que
Dios honra el aborto de la mujer, no porque sea bueno, sino porque Él no
desperdicia nada (Romanos 8:28). El aborto se convierte en su «peregrinación en
el desierto», donde Dios la lleva de nuevo a una relación con Él hablándole con
ternura. Dios honra el pasado porque Su intención es restaurar lo que se dañó.
2. La restauración del aborto. La
restauración de un aborto adopta dos formas. Primero, Dios empieza a restaurar
la belleza interna de la mujer (1 Pedro 3:3-6). Se convierte en una mujer
fuerte, libre para reír otra vez debido a que su confianza está en Dios
(Proverbios 31:25). Es libre para disfrutar de relaciones saludables con los
demás. Segundo, por gratitud por el perdón de Dios, se motiva a dar vida otra
vez. Se acerca a los demás y los exhorta en su proceso de sanidad. Al igual que
la mujer que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, los secó con su cabello,
y los ungió con un caro perfume (Lucas 7:3647), sabe lo que significa ser
perdonada de la enorme carga de sus pecados. Por eso se deleita en dar algo a
cambio para ayudar a otros. Dios restauró el gozo a la relación de Laurie y
Bill como resultado de lidiar con los efectos posteriores al aborto.
Hoy están casados y trabajan en
un centro que ayuda a mujeres con embarazos no planificados. Ella coordina los
servicios al cliente y él dirige las operaciones diarias. Lynn es
administradora de un ministerio de consejería post aborto. Ambas han visto cómo
Dios las restauró y les dio oportunidades de servicio que no pensaron serían
posibles.
DETENGA EL ABORTO ANTES DE QUE SUCEDA
A pesar de que hay información
disponible sobre los peligros del trauma post aborto y de sus potenciales
efectos, se practican unos 50 millones de abortos en el mundo anualmente. Sólo
unas cuantas mujeres se informan adecuadamente antes de hacerse un aborto. La
mayoría busca desesperadamente una solución rápida a una crisis. Esa es una
decisión que las puede obsesionar durante años. Las mujeres merecen saber la
verdad. Necesitan saber toda la verdad acerca de lo que es un aborto y de lo
que pueden ser sus consecuencias. Si una mujer está considerando hacerse un
aborto, debería tomarse el tiempo de hablar con alguien que haya pasado por esa
experiencia y hacerle preguntas para poder tomar una decisión informada. Si
usted se ha hecho un aborto tiene algo único que ofrecer a una mujer que esté
luchando con la decisión de qué hacer con su embarazo.
Igual que Laurie y Lynn, usted
tiene una historia que contar. Su historia de crisis y tragedia tocará
poderosamente muchas vidas. Por favor, considere dar vida otra vez compartiendo
su historia. No puede traer de vuelta a su bebito, pero Dios podría usar su
historia para alentar a una persona a que opte por permitir que su bebé viva.
UNAS PALABRAS A LOS HOMBRES
Los hombres también luchan con el
legado del aborto. A pesar de su renuencia a hablar de sus sentimientos, muchos
hombres luchan con la culpa, la ira, la aflicción y la pérdida. En el centro de
sus luchas se encuentran la sensación de que su hombría ha sido violada y de
haber perdido la paternidad. Se sienten fracasados por no haber sido buenos
proveedores ni protectores. Igual que sucede con las mujeres, estos
sentimientos sin resolver pueden llevar a la confusión emocional, las
adicciones autodestructivas, la violencia y las relaciones destrozadas. Los
hombres que se han involucrado en un aborto también necesitan compasión,
comprensión, perdón y sanidad. La sanidad comienza cuando un hombre asume su
propia responsabilidad. Muchos hombres han abdicado la responsabilidad sexual y
paterna al concebir un hijo.
Por consiguiente, presionan a la
mujer para que aborte al bebé o la amenazan con abandonarla para que «resuelva
el problema» ella sola. Aunque más de 64% de las mujeres [en Estados Unidos]
que luchan con los efectos del aborto se sintieron «obligadas» a hacerlo, más
de 84% dijo que hubiesen tenido al bebé bajo mejores circunstancias o con el
apoyo de sus seres queridos.17 Los esposos y los novios encabezan la lista de
las personas que mayor influencia ejercieron en la decisión de la mujer de
abortar. Es lógico que si una mujer con un embarazo no planificado tiene el
apoyo y el amor de un hombre fuerte —como el padre del bebé, su propio padre,
un hermano o un amigo— probablemente no optaría por abortar. El aborto es,
pues, un asunto del hombre. Los hombres que han presionado a una mujer para que
aborte llevan una culpa enorme. No sólo se sienten culpables de su
irresponsabilidad sexual, sino también imperdonables por forzar a la mujer a
quitarle la vida a su hijo. La historia de cómo Dios perdonó al rey David por
adulterio y asesinato habla a estos hombres de cómo Dios puede perdonar y
restaurar lo que parece imperdonable e irreversiblemente quebrantado (2 Samuel
12:1-14; Salmo 51). Si usted es un hombre que tiene una relación con una mujer
que se ha hecho un aborto, sea tierno, cariñoso, paciente, comprensivo,
disponible para escuchar y dispuesto a apoyarla en el proceso de lidiar con su
pérdida. Aun si el aborto sucedió en una relación previa, todavía puede dividir
su matrimonio. Acompáñela en el proceso de sanidad y déjela que se apoye en
usted. Su disposición a apoyarla contribuirá mucho a su sanidad y restauración
al tiempo que fortalecerá su relación con ella.
UNAS PALABRAS A LA IGLESIA
La iglesia debe seguir
defendiendo la verdad y enseñando la Palabra de Dios fiel y eficazmente (2
Timoteo 4:2; Tito 1:9). Ha de convertirse en una comunidad de sanidad mediante:
1. El desarrollo de un ministerio
en pequeños grupos. La gente necesita la comunidad. Necesita sentirse conectada
con la iglesia. Eso raramente sucede en un culto grande. Un lugar donde la
gente se sienta comprendida y amada puede proveer la oportunidad de luchar
abiertamente con las cosas difíciles de la vida real. Un pequeño grupo puede
llegar a ser un marco excelente para poner en práctica los «unos a los otros»
ordenados a la Iglesia del Nuevo Testamento (Romanos 12:10-16; Gálatas 5:13;
6:2,4; Efesios 4:2,25,32; Colosenses 3:9-16; 1 Tesalonicenses 5:11).
2. Un lugar seguro para que las
mujeres hablen de su pena. Las mujeres que luchan con el trauma post aborto o
que están considerando hacerse un aborto necesitan un lugar seguro para hablar
de sus luchas. Necesitan saber que lo que comparten es confidencial y que no va
a surgir como motivo de oración en un culto a mitad de semana.
Ore y pídale a Dios que levante
algunos líderes que empiecen un grupo para tratar asuntos de mujeres.
3. Un planteamiento abierto de
estos temas desde el púlpito y en pequeños grupos.
Aproveche las oportunidades de
hablar abiertamente sobre temas como la pureza, la sexualidad, la promiscuidad,
los embarazos no planificados y el aborto. Demuestre autenticidad y
transparencia sobre las luchas personales de tal manera que refuerce la
realidad de que todo el mundo lucha con algo. Invite personas a compartir sus
historias de sanidad con la congregación. Haga de su iglesia un lugar que
parezca un hospital de enseñanza que cura heridas, promueve la sanidad, y
exhorta a una vida saludable.
4. El desarrollo de un sistema de
apoyo para mujeres con embarazos no planificados. En todas las culturas, los embarazos no
planificados siempre serán un problema. Condenar a una mujer o a una
adolescente por ser promiscua y quedar embarazada no ofrece ayuda donde más se
necesita. Trabaje para restaurarla y proporcione opciones creativas para
ayudarla a decidir dar vida a su bebé independientemente de cómo fuese
concebido.
¿HABRÉ SIDO DEMASIADO MALA COMO PARA SER PERDONADA?
Si creemos a nuestras emociones
podemos sentir que hemos ido demasiado lejos. Nuestro autodesprecio parece
merecido. Pero hay esperanza. Dios quiere que creamos en Su capacidad de
perdonar pecados que no podemos olvidar. Las Escrituras nos muestran que hay
aguas frescas de perdón iguales a las cataratas de nuestros fracasos
personales. En las páginas siguientes veremos cuánto ha sufrido Dios
personalmente para llegar a ser «justo y el que justifica» (Romanos 3:26) a
aquellos que no merecen vivir. En el proceso veremos que:
1. El amor de Dios es igual a Su
ira.
2. La misericordia de Dios es
igual a Su justicia.
3. El perdón de Dios es igual a
nuestra culpa.
Mediante la sabiduría de Su amor,
Dios ha encontrado una manera de satisfacer las exigencias de Su ley mientras
sigue ofreciendo perdón al peor de los pecadores.
1. El amor de Dios es igual a Su
ira. La ira de Dios no es una negación de su amor. Su ira significa que Él ama
demasiado como para ignorar el daño que nos estamos haciendo a nosotros mismos
y a los demás.
Entretejido en la mayor historia
de amor que el mundo ha conocido jamás está el revelador drama de un Dios que
ama lo suficiente como para aborrecer el mal. Puesto que Dios se reveló a Sí
mismo en el espejo de Su Hijo (Colosenses 1:15), en Jesús encontramos una representación
precisa del equilibrio entre el amor y la ira del cielo. Jesús amaba lo
suficiente como para airarse (Mateo 21:12), amaba lo suficiente como para
advertirnos del juicio venidero (Juan 3:36), mientras nos aseguraba que Su amor
es igual a Su ira (Juan 3:16). No podemos darnos el lujo de no entender la
relación que hay entre el amor y la ira de Dios. Jesús no vino a condenarnos
(Juan 3:17). Vino a salvarnos de nuestro pecado y de Su propia ira. Jesús dijo:
«Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más
bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno» (Mateo
10:28). La verdad acerca del amor y la ira de Dios no se encuentra ni en lo uno
ni en lo otro. La verdad es que Su amor es igual a Su ira, y por Su amor,
encontró la manera de mostrar misericordia.
2. La misericordia de Dios es
igual a Su justicia. El Dios del Antiguo Testamento estableció el principio de
ojo por ojo y vida por vida en un contexto de testigos legales y de un proceso
adecuado (Deuteronomio 19:21). ¿Cómo puede, entonces, este mismo Dios perdonar
a un pecador? ¿Cómo se puede hacer justicia excepto castigando a la parte
culpable? ¿A quién más se puede hacer responsable de nuestro pecado? Sólo hay
una posibilidad más. Además de nosotros, al único al que se puede hacer
responsable es a aquel que nos dio la libertad para pecar. Igual que un padre
que permite a un hijo de 16 años que use el auto, Dios nos dio la libertad, el
tiempo y la capacidad de pecar. ¿Es posible que Él mismo ofrezca pagar el daño
que hicimos nosotros? Según las Escrituras, eso es exactamente lo que hizo. A
un gran costo para Él, Dios pagó el precio por nuestro pecado. Mirando atrás
podemos ver cuánto estaba planeando pagar Dios cuando dijo: «Porque la vida de
la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el
altar por vuestras almas […]» (Levítico 17:11). ¿Acaso era esto una admisión
velada de culpa divina? ¿Estaba Dios permitiendo la posibilidad de haberse
equivocado al darnos la capacidad moral y la libertad de elección? ¿Fue por eso
que puso en movimiento un sistema ritual de sacrificios que terminaría
costándole un dolor inefable? No. El último libro de la Biblia muestra que por
toda la eternidad, los coros del cielo declararán que Dios es santo en todo lo
que es y en todo lo que hace (Apocalipsis 4:8). Por toda la eternidad, el cielo
mostrará que Dios tuvo razón al darnos la libertad de pecar. La eternidad
mostrará Su sabiduría al dejarnos escubrir la paga del pecado y las terribles
consecuencias de nuestra desobediencia voluntaria. Por toda la eternidad, el
cielo también honrará la justicia y la misericordia del Creador que por amor
optó por llevar la carga de nuestra rebeldía.
3. El perdón de Dios es igual a nuestra
culpa. Debido al alcance ilimitado de la muerte de Cristo en la cruz hemos
recibido perdón, no sólo de los pecados pasados, sino de todos: pasados,
presentes y futuros. De una vez y para siempre. En el momento en que confiamos
en Cristo como Salvador recibimos inmunidad del castigo. El asunto está
arreglado: nuestro caso se cierra y Dios no abre los archivos de nuestra culpa
otra vez. La maravillosa verdad de la justificación es que Dios, por su propia
autoridad, nos absuelve. Aunque no nos «hace» justos, «declara» justos a los
que han apelado a la muerte de Cristo como pago por su pecado. Puesto que Dios
«al que no conoció pecado [a Cristo], por nosotros lo hizo pecado» (2 Corintios
5:21), puede ser El «justo» y «El que justifica» a los que aceptan Su propio
pago por el pecado (Romanos 3:26). Completo. El perdón que Dios ofrece es
amplio. Es completo y definitivo, no sólo hasta el próximo pecado inevitable.
Es por eso que en otra carta, Pablo pudo citar el Salmo 32:1,2 cuando escribió:
Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son
cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado
(Romanos 4:7,8) [énfasis añadido].
Veamos tres términos importantes
en este versículo que muestran la cabalidad de la misericordia de Dios.
Perdonado. Imagínese a un joven alpinista
que lucha para subir pesadamente por un camino empinado con una gran mochila en
sus espaldas. La carga es pesada para él. Se debilita y se queda atrás. Se
desploma. Entonces un alpinista mayor retrocede, le quita la carga de la
espalda, y se la pone en los hombros. El joven alpinista se siente revitalizado
y libre, y empieza a subir de nuevo por el camino con el corazón rebosante de
gozo. La palabra que se traduce por «perdonado» significa «quitar o llevar».
Eso es lo que sucede con nuestra culpa cuando Dios nos perdona. Cubierto.
Cuando confiamos en Cristo, nuestros pecados se quitan para siempre. La palabra
griega que se traduce por «cubierto» en Romanos 4:7 significa «tapar
completamente, borrar». Esto quiere decir que desaparecen para siempre. Por
tanto, no tenemos que preocuparnos porque nos vayan a confrontar por esos
pecados otra vez. No los veremos de nuevo en el juicio. Se quitan
completamente. Esta promesa, que Dios hizo a Israel, se aplica a todos los que
confían en Cristo: «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí
mismo, y no me acordaré de tus pecados» (Isaías 43:25).
No inculpa. La palabra inculpa significa «cargar a una
cuenta». Dios carga nuestros pecados a la cuenta de Cristo, y carga a nuestra
cuenta la justicia de Cristo. No nos va a tomar en cuenta nuestros pecados.
Ellos no van a afectar nuestra posición en el cielo. Si nunca ha conocido el
perdón de Dios, el mismo puede ser suyo ahora mismo. Todo lo que tiene que
hacer es optar personalmente por confiar en Aquel que ha hecho tanto por usted.
Busque estos versículos en el Nuevo Testamento para que se asegure de lo que
Dios ha prometido:
• Juan 3:16; 5:24; 6:47; 7:38;
11:25; 20:31
• Hechos 13:48; 16:31
• Romanos 1:16; 4:3; 5:1; 10:11
REFERENCIAS
1. Entrevista con Bill y Laurie Velker,
23 de marzo de 1998.
2. Larry Reibstein, Arguing At Fever Pitch,
Revista Newsweek, 26 de enero de 1998, p. 66.
3. Ibid.
4. The Alan Guttmacher Institute, Facts In
Brief—Induced Abortion (1996), p.1. 5. David C. Reardon, Women At Risk of
Post-Abortion Trauma (1990).
6. David
C. Reardon, Rape, Incest, And Abortion: Searching Beyond The Myths (The
Post-Abortion Review 2 [1] Winter 1994).
7. Luci Freed y Penny Yvonne Salazar, A Season
To Heal (cumberland House, 1993), p.4.
8. Magda Denes, In Necessity And Sorrow (Basic
Books, 1976), p.94.
9. Elliot Institute for Social Sciences
Research.
10. Vincent M. Rue, Examining Postabortion
Trauma: Controversy, Diagnosis, And Defense (1998).
11. American Counseling Association, 10 Ways To
Recognize Post-Traumatic Stress Disorder (1998).
12. Sacado de una entrevista con
el columnista Colman McCarthy, “A Psychological View of Abortion,” St. Paul
Sunday Pioneer Press (7 de marzo de 1971). El doctor Fogel, que siguió practicando
abortos durante dos décadas, reiteró la misma opinión en una entrevista
subsiguiente con McCarthy, The Real Anguish of Abortions, The Washington Post (5
de febrero de 1989).
13. David C. Reardon, Aborted Women: Silent no
More (Crossway Books, 1987), p.7.
14. Linda Bird Francke, The Ambivalence Of
Abortion (Random House, 1978), p.61.
15. A New Ethic For Medicine And Society,
California Medicine (septiembre de 1970), 113(3):67-68. 16. Aborted Women, p.
14. 17. Ibid., p. 10; Passage Through Abortion, p.x.
Tim Jackson es consejero con
licencia para ejercer del estado de Michigan, y jefe del Departamento de
Consejería y Correspondencia de Ministerios RBC. Parte de este librito es un
extracto adaptado del librito de Ministerios RBC publicado en inglés con el título
The Forgiveness of God.
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